Animus opinandi: caso de Tal Cual y Genatios

Una vez más la polarización reinante en el país se ha puesto de manifiesto en el caso de Tal Cual y su articulista Carlos Genatios: se les acusa de difamar a un alto funcionario político del Estado venezolano. La acusación, que nunca debió ser admitida por infundada, innecesaria, impropia, exagerada e inadecuada, generó inmediatas medidas cautelares en contra de los acusados sin notificarlos, oírlos ni haber analizado siquiera los hechos e intenciones de los perseguidos. En otras palabras, se violó el debido proceso de la A la Z. También fueron violados la Constitución, los Tratados Internacionales y el Código Orgánico Procesal Penal, los cuales no existieron para el tribunal al decidir con celeridad inusual e inaudita altera parte castigar anticipadamente con medidas cautelares a los acusados. Es evidente que este juicio NO será justo.
En todo caso, el acusador antes de introducir su libelo, debió pedir una rectificación o una aclaratoria, como establece la Ley venezolana, para despejar las dudas que dejara una emisión de un canal oficial donde se plasmó la información, que luego el acusador desmintió hace un buen tiempo. También pudo exigir el derecho de réplica en iguales condiciones que las que tuvo el opinante y la misma cobertura del artículo de marras. Así las cosas, sin cumplir con lo mínimo que aconseja una sólida estrategia legal, inició una causa privada, usando las vías judiciales en un Estado que no capaz de castigar penalmente a más del 90% de los homicidas ¡UFF!
¿Qué hicieron los acusados para merecer tales medidas?: NADA. Genatios solo escribió un artículo de opinión donde narraba los hechos que caracterizan la inseguridad personal y de los bienes en Venezuela: un hecho público y notorio, radiografiado por los mejores científicos sociales del país y sentidos en la piel y el alma da cada venezolano que ha sufrido en carne propia o de un familiar, amigo o vecino los embates de la delincuencia desatada y tolerada por el Estado.
Las técnicas del análisis de contenido permiten evaluar con objetividad si una persona que escribe está difamando o no: la primera es la técnica cuantitativa y la segunda es cualitativa. La forma cuantitativa consiste en medir cuántas veces se profiere la supuesta expresión que ofendió al acusador. En el caso que comentamos se mencionó solo una vez en un denso y estupendo artículo donde se narraban hechos objetivos y probados sobre la inseguridad ciudadana. Esta fue la famosa frase: “Si no les gusta la inseguridad, váyanse…”
El artículo supuestamente difamatorio tiene 443 palabras y la expresión en la cual se refiere al acusador tiene solo 7 palabras. Como puede verse, la referencia es insignificante, no llega ni al 2% del texto. Por lo tanto, no refleja la intención de difamar. Como es sabido, si algo caracteriza esa intención es la repetición constante de la frase difamatoria cosa que, en este caso, no ocurrió en el texto, tampoco antes ni después.
La segunda manera de evaluar animus es la cualitativa: Como puede verse, se trata de una afirmación sobre un hecho cierto y probado: la pantalla del canal de televisión VTV donde aparece la expresión supuestamente difamatoria (Ver: http://hoyesnoticia.net/talcual-cumple-con-mostrarle-a-cabello-una-captura-de-pantalla-de-vtv-del-9-de-octubre-de-2012-foto/ Información captada el día 10-03-14). En otras palabras, no hubo falsedad. Que el acusador lo haya desmentido, tampoco demuestra que lo que publicó VTV sea falso.
La intención evidente de Genatios era la de narrar (“animus narrandi”) y opinar (“animus opinandi”). No hay manera objetiva de decir que era la de difamar (“animus difamandi”). De parte del periódico cuyos Directivos han sido coacusados su intención es la del “animus informandi”, especialmente, porque se trata de un diario de opinión, lo cual sirve de tribuna para quienes opinan. De nada sirve hablar de otros posibles “animi”.
De paso, la brillante e intensa trayectoria académica de Genatios, reflejada en su autoría o coautoría de 150 artículos científicos publicados, 300 artículos de opinión y 9 libros (en Ciencia y tecnología para el desarrollo, ingeniería sismorresistente y vivienda), demuestran que no es uno de esos personajes que dedican tiempo a injuriar o difamar a otras personas. Su dedicación al estudio, la consultoría internacional y la docencia, como cofundador de 7 cátedras de pregrado, maestría y doctorado en ingeniería, aparte de sus calificaciones con los máximos honores como Doctor en Ingeniería y licenciado en Filosofía no le permiten espacio alguno para jugar con las palabras y los epítetos sobre nadie.
Opinar es un derecho humano que está tutelado jurídicamente por todos los instrumentos legales y Tratados Internacionales. Forma parte de la libertad de conciencia, de expresión e información. La libertad de opinión exige que haya un clima democrático de tolerancia y un libre debate de las ideas y la información. La persecución política por vía judicial va en contra de este derecho humano.
Quienes están en la política deben saber que están expuestos al juicio de la opinión pública, dentro de lo cual los articulistas juegan un papel fundamental. Si los políticos están descontentos con las opiniones que no les favorecen, deben hacer un esfuerzo para que estas cambien: una mala opinión solo se cambia con una mejor opinión. Así de simple es la Democracia.
Fernando M. Fernández
@FM_Fernandez

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