La imposible difamación de Teodoro Petkoff, TalCual y Genatios

Acusan a los Directivos de TalCual por un artículo de opinión de Carlos Genatios, a quien también acusan de una supuesta difamación agravada. Tal delito nunca ocurrió debido a que no se cumplen los postulados fundamentales para determinar de forma fehaciente ese hecho punible. Los coacusados junto a Genatios son: Teodoro Petkoff y el resto de los Directores de la Editorial la Mosca Analfabeta, C.A., quienes también son inocentes de lo que se les acusa. La acusación jamás debió ser admitida ni mucho menos acordar medidas cautelares contra los acusados.

La acusación nunca debió ser admitida por Juez alguno, debido a que el acusado lo que solicita es que digan si el acusador dijo o no lo que Genatios dijo que aquél dijo. Tal como es sabido en el medio forense, el delito de difamación que está en el Código Penal (copiado del Código de Zanardelli) no admite prueba de la verdad, salvo en el caso de delitos de corrupción, en los cuales se debe determinar excepcionalmente (“exceptio veritatis”) si fue verdad o no que hubo un hecho de corrupción. Así las cosas, la pretensión del acusador no es procedente, en virtud del mandato legal del codificador penal y tal como ha sido la tradición jurídica por decenas de años.

 Como quiera que en Derecho Penal no hay responsabilidad penal objetiva, dado que es algo abominable como han dicho varios de nuestros mejores y prestigiosos juristas, el Juez penal debe determinar la culpabilidad del acusado. La responsabilidad penal siempre es subjetiva, a diferencia del Derecho Administrativo donde basta con infringir una norma para incurrir en una falta; en cambio, el Juez Penal debe determinar de forma precisa, inequívoca y contundente el dolo, ánimo, voluntad, intención o culpabilidad con la que se incurrió en una determinada conducta, previamente tipificada en la Ley Penal (“Nullun crimen sine lege praevia”).

En Venezuela se debe presumir la inocencia de todo acusado, por lo que toca al acusador probar este ánimo doloso de delinquir (“animus delinquendi”), que en esta caso sería de difamar (“animus difamandi”) de los coacusados.  Está muy claro que la intención de Genatios era la de opinar (“animus opinandi”) combinado con la de narrar (“animus narrandi”) una serie de hechos terribles en materia de inseguridad jurídica, personal y de los bienes que hemos padecido los venezolanos en los últimos años, originados a la sombra del famoso eslogan “Patria, Socialismo o Muerte”, cuyos efectos enlutaron a Venezuela por varios años, como lo demuestran las cifras de homicidios impunes de los últimos tiempos (Ver la cita que hace Genatios del Observatorio Venezolano de la Violencia en su artículo: http://observatoriodeviolencia.org.ve/ws/informe-del-ovv-diciembre-2013-2/ ) y la opinión calificada de los más importantes sociólogos, criminalistas, penalistas y criminólogos.

En el artículo de marras no hubo intención de difamar.  Como debe saber todo penalista, hay distintas formas de evaluar  la intención de dañar la reputación de alguien y es a través de la determinación judicial del dolo específico o intención directa mediante la aplicación de la sana crítica, lo cual requiere de (i) un análisis lógico del texto y del lenguaje empleado por el opinante, el significado de las palabras y la lógica gramatical (tiene que determinarse si el significado exacto de las palabras utilizadas puede ser capaz de producir algún daño en el honor o reputación del acusador); (ii) usando las máximas de experiencia (especialmente la tradición jurídica, doctrina y jurisprudencia  precedente en la materia las cuales tienen claro cuando hay “animus difamandi” y cuando no); y (iii) el método científico (según lo cual el análisis de contenido es lo apropiado para medir la recurrencia o no de la frase supuestamente difamatoria y, a partir de esa medición establecer si hubo dolo o no  (es decir, se debe determinar  si 40 caracteres con espacios, contenidos en 7 palabras, las cuales ni siquiera fueron repetidas, dentro de un artículo de 9 párrafos con 448 palabras  y  2.900 caracteres con espacios fueron capaces de desprestigiar o no al acusador). Tales son  las únicas vías válidas y eficientes que permite la legislación procesal  venezolana prevista en el COPP.

Además, el hecho atribuido a los coacusados no es capaz de exponer a nadie al desprecio público: es inocuo. Graves sí son todos los señalamientos que hizo Genatios y que son hechos reales, constatables, materiales, notorios y comunicacionales. Vivimos en un estado de total inseguridad jurídica, personal y de los bienes. No se trata de una sensación como alguien afirmó para neutralizar la conciencia de la población, sino de una realidad material que es palpable en el enorme número de homicidios, secuestros, atracos, hurtos, extorsiones y demás hechos terribles que padece la ciudadanía día tras día.

Según el Código Penal el delito de difamación no requiere que se pruebe la verdad o falsedad del supuesto hecho atribuido, salvo en el caso de un señalamiento o denuncia de corrupción en cuyo supuesto excepcional (“exceptio veritatis”) se acepta la búsqueda de si fue cierta o no la conducta corrupta. Recordemos que la difamación es una derivación de la blasfemia, delito de lesa veneración contra Dios (“laesa venerationis”), cuya raíz está en la antigüedad, pero que derivó en el Código de Zanardelli y se tipificó junto con el Vilipendio y el Ultraje para proteger la majestad (“laesa maiestatis”) e intangibilidad de la Corona, los reyes, los príncipes, la realeza y la aristocracia de la Italia del Siglo XIX, supuestamente de origen divino como decían de sí mismas que eran todas las monarquías absolutistas, de aquellas injurias que dijeran los plebeyos, siervos y esclavos. Como en Venezuela no existen esas antiguallas porque es una República (en teoría), sin embargo, los poderosos que se sienten ofendidos los utilizan para acallar a sus críticos. ¿Será por eso que aumentaron las penas del delito de difamación y del de injuria en la reforma del Código Penal del año 2005?

Pero, ¿qué es opinar?: significa expresar una opinión de palabra o por escrito. El verbo opinar tiene como sinónimos juzgar, calificar, discurrir, conjeturar, considerar, estimar, sentir, valorar, criticar, creer, dictaminar, parecer, reputar, discurrir, discernir, tener por, apreciar, existimar, librar, fallar y emitir.  Además, ¿qué es un artículo de  opinión?: consiste en un artículo escrito donde su autor expone su parecer, criterio,  concepto, juicio o dictamen acerca de una cosa o asunto.  Así las cosas, el opinador de un medio de comunicación refleja su cosmovisión o visión el mundo (“Weltanschauung ”) o parte de ella en lo que escribe. En el caso que nos ocupa, el asunto del cual opinaba Genatios era la inseguridad que circunda a los venezolanos en todos los órdenes.

En otras palabras, quien opina sobre algo es aquél que expresa una convicción, lo que piensa, cree o está convencido. Forma parte de  la libertad de conciencia, un valor esencial del ser humano. Según Amnistía Internacional: “Se considera “preso de conciencia” a toda persona encarcelada o sometida a otras restricciones físicas por sus convicciones políticas, religiosas o cualquier otro motivo de conciencia, así como por su origen étnico, sexo, color, idioma, origen nacional o social, situación económica, nacimiento, orientación sexual u otras circunstancias, siempre que esa persona no haya recurrido a la violencia ni propugnado su uso” (Ver: https://www.es.amnesty.org/temas/presos-de-conciencia/quienes-son/ ). Genatios, Teodoro y los demás Directivos de TalCual son, entonces, acusados de conciencia. De ser apresados sería la muerte del derecho humano a opinar en Venezuela. Si esta demanda prospera se creará un precedente nefasto en contra de todo opinante que se exprese por cualquier medio (diarios, redes sociales, editoriales, artículos, etc. También el medio en el cual se publique la opinión sufrirá las consecuencias de la represión.

TalCual es un diario que se caracteriza por ser esencialmente de opinión, más que de información. En tal sentido, es un periódico excelente, sus articulistas son varias de las mejores plumas del país. Genatios es uno de ellos y el artículo que nos ocupa, es una de sus acostumbradas buenas piezas (Ver el artículo en: http://www.talcualdigital.com/ediciones/archive/default.asp?d=17&m=01&a=2014&archivo=n117n1.asp&searchstring=genatios ). En otras palabras, la existencia de TalCual forma parte de una realidad en la cual todo asunto social, económico, jurídico o político es opinable, es decir, susceptible de que cualquiera se forme una opinión, por lo general no coincidente con la versión oficial, acerca de lo que ocurre cada día. TalCual, en mi opinión, es un magnífico ejemplo de que en Venezuela todavía existe un calificado grupo de arriesgados intelectuales demócratas que opinan sobre la cultura, la política, las leyes, la sociedad y cuanto tema sea opinático. Por eso hay que apoyarles en este nuevo intento de censurarlo y cerrarlo.

En fin, no hubo difamación y mucho menos agravada. Tampoco se debe buscar si el acusador dijo o no lo que el opinante dijo que aquél dijo. En conclusión, la demanda nunca debió ser admitida procesalmente por ser inadecuada la pretensión de la acusación.

Fernando M. Fernández 

@FM_Fernandez  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s