Leyes de desacato vs. Tal Cual y Genatios

Desacato es la irreverencia con lo sagrado. Es un crimen de lesa veneración (“laesa venerationis”) contra los dioses de la antigüedad clásica. Los mártires más famosos de la antigüedad por desacatar el mandato del poder y la religión fueron Sócrates, quien blasfemó al decir que había otros dioses distintos a los de Atenas, y Jesús, quien decía que era el hijo de Dios. Tales irreverencias, herejías y blasfemias eran castigadas con la pena de muerte. Todavía hay religiones que castigan con la muerte tales ofensas.

Hoy día en la Venezuela laica se castiga con cárcel cualquier desacato a los poderosos, otra forma de morir civilmente o de ser asesinado en prisión, y una multa capaz de arruinar a cualquiera. Las penas siguen siendo draconianas, al igual que en la antigüedad.

Según el Diccionario de la Real Academia de Española desacato “(del verbo desacatar) es la (1) falta del debido respeto a los superiores; (2) la irreverencia para con las cosas sagradas; y (3) Der. En algunos ordenamientos, delito que se comete calumniando, injuriando, insultando o amenazando a una autoridad en el ejercicio de sus funciones o con ocasión de ellas, ya de hecho o de palabra, o ya en escrito que se le dirija”. Hay culturas que todavía mantienen la blasfemia como crimen contra Dios. En otras palabras, es un acto que ofende a las figuras de autoridad, a quien detenta el poder. Las leyes de desacato se usaron durante siglos para reprimir a los herejes, a los plebeyos y a los subordinados a la autoridad. En Venezuela se mantienen estas normas en el Código Penal y en Código Orgánico de Justicia Militar de forma desfasada y anacrónica, sacrificando valores más importantes.

En Venezuela el desacato tiene como objeto tutelar la reputación y honor de las instituciones públicas y de los funcionarios del Estado. El Código Penal tipifica los delitos de desacato con las denominaciones de Vilipendio y Ultraje a Funcionarios. Se trata de una herencia de la monarquía absolutista italiana del siglo XIX, cuando era condenable quien dijera: “El Rey está desnudo” (Ver: ANDERSEN, Hans Christian: El traje nuevo del Emperador”). Desde la era del Absolutismo, entonces se les incluye dentro de la categoría de crimen de lesa majestad (“laesa maiestatis”), es decir, delitos contra su Majestad el Rey, ungido por Dios; también de la realeza, la aristocracia y toda forma de oligarquía. Ello se ha traducido, especialmente, en la herramienta de ataque legal para que altos funcionarios, oligarcas, aristócratas y militares persigan a sus opositores y críticos en la defensa de su “honor y reputación”. En realidad, el delito de desacato es un típico delito político, usado por los poderosos para defender sus privilegios e intangibilidad.

Además de estos delitos que evidencian un trato especial y discriminatorio en favor de los altos funcionarios públicos y en contra de los ciudadanos, es común que se usen a discreción los delitos de Difamación e Injuria en protección del honor y la reputación de esos mismos altos funcionarios.

Tal como lo refleja en un estupendo documento el Relator Especial de la Organización de Estados Americanos (“OEA”) para la Libertad de Expresión: “El informe anual 2002 del Banco Mundial sobre desarrollo, dedica un capítulo a la importancia de los medios de comunicación en esta materia. Específicamente en lo que se refiere a las leyes de desacato, se dice que: Las leyes de desacato son particularmente restrictivas, y protegen a grupos selectos tales como la realeza, políticos y funcionarios del gobierno frente a las críticas. Normalmente, las leyes de desacato tipifican como delito penal el perjudicar el “honor y dignidad” o reputación de estos individuos e instituciones selectas, sin tener en cuenta la verdad. Un estudio de 87 países encontró que dichas
leyes son sorprendentemente corrientes, en particular en los juicios por difamación… En Alemania y los Estados Unidos son poco comunes y muy rara vez invocadas. Aun así, en muchos países en desarrollo, son el medio favorito para acosar a los periodistas…” Ver: 6 – Capítulo V – Leyes de Desacato y Difamación Criminal en:
http://www.oas.org/es/cidh/expresion/showarticle.asp?artID=330&lID=2).

En el caso Tal Cual y Carlos Genatios se les acusa de difamación agravada, bajo el pretexto de haber expuesto al desprecio público y haber ofendido el “honor y reputación” de un militar y alto funcionario político. Nada más absurdo. La famosa frase que repitió (ni siquiera la inventó) el articulista Genatios “Si no les gusta la inseguridad, váyanse…” no ofende a nadie ni tiene la capacidad de hacerlo: fueron solo 7 palabras en un magnífico artículo de 443 palabras sobre la inseguridad ciudadana. Apenas 40 caracteres con espacios. Allí no hubo dolo, intención de difamar o animus difamandi, tampoco hubo deseos de causar daño (animus nocendi) ni de cometer un delito (animus delinquendi). Su única intención era la de opinar (animus opinandi) y la de narrar hechos relacionados con la inseguridad (animus narrandi). Dicho sea de paso, el artículo solo lo habíamos leído algunas personas asiduas a leer Tal Cual y los artículos de Genatios, pero ahora lo leerán miles defensores de derechos humanos y de la libertad de expresión, de estudiosos de la ciencia política, el periodismo y demás académicos como un caso que demuestra que en Venezuela no se respetan ni garantizan los derechos a la libre expresión, pensamiento, opinión, información y conciencia.

Hoy día en el mundo globalizado y moderno se privilegia a la libertad de expresión como bien jurídico principal y quien sea acusado o preso por desacato es considerado un preso de conciencia, en los términos fijados por Amnistía Internacional. La consecuencia de una expresión o una opinión puede ser la cárcel y multas elevadísimas, cuando no impera la democracia, sino el militarismo, el autoritarismo y cualquier otra forma de totalitarismo, sea fascista, militarista o comunista.

En mayo de 1961, hace casi 53 años, Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional, leyó en la prensa que el brindis por la libertad de dos estudiantes portugueses en un restaurante de Lisboa les había costado una pena de siete años de prisión. Luego de eso inició su primera campaña por la libertad de opinión, expresión, pensamiento y conciencia que llamó “LLAMAMIENTO POR LA AMNISTÍA, 1961”. Ver: BENENSON, Peter: Los presos olvidados. En: The Observer (Londres), 28-5-1961 http://www.amnistiacatalunya.org/edu/2/ai/benenson1961.html)

En el Código Penal venezolano se puede evidenciar el trato discriminatorio de los ciudadanos comunes respecto del funcionariado del Estado, dado que estos tienen delitos específicos hechos a su medida para proteger su “honor y reputación” como el vilipendio y el ultraje, pero también destaca lo contenido en el artículo 442 que fue reformado en al año 2005 para aumentar la pena de forma draconiana, el cual prohíbe al acusado de tales delitos probar la verdad de los hechos, su notoriedad o los defectos atribuidos al funcionario ofendido.
La libertad de expresión está en el centro del espíritu democrático y de tolerancia mutua que debe animar las relaciones entre el ciudadano y el Estado. Voltaire dijo una vez: “Detesto tus opiniones pero estoy dispuesto a morir por defender tu derecho a expresarlas”.

Llama la atención que en el Código Penal venezolano, traducido del italiano del siglo XIX y copiado de una institución Absolutista, no existe consideración alguna para las ofensas que cometa un funcionario en perjuicio de la reputación y honor de un ciudadano, lo que es una evidente asimetría en perjuicio de la ciudadanía. La razón es muy simple: las leyes de desacato fueron escritas para defender al Rey de Italia, a los Príncipes y a la Corte de Saboya de lo que opinaban los plebeyos.

Fernando M. Fernández @FM_Fernandez
NOTA: este artículo fue publicado hace varios años en Talcual, pero desapareció de la Internet. Por eso lo publico nuevamente.

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