Nunca más otro Holocausto

Hoy, 27 de enero, se cumplen 73 años desde que el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia). Dicho campo fue creado el 25 de enero de 1940 por decisión de la SS bajo el mando de Heinrich Himmler (Ver: http://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10007021). El propósito inicial fue el de suplir con mano de obra esclava a las fábricas de armamento para el ejército alemán. También hubo iniciativas para fortalecer la industria química (dentro de lo cual estuvo la fabricación del gas pesticida Zyklon B, usado para el envenenamiento de los judíos en las cámaras de gas de los centros de exterminio) y la fabricación de gasolina (fundamental para movilizar la maquinaria de guerra nazi).

Amnistía Internacional ha calificado al genocidio como “el crimen de todos los crímenes”, con lo que acentúa que es la peor conducta que los seres humanos puedan concebir, ejecutar o sufrir, según se sea víctima o genocida. El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto (Ver: http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/commemoration-in-memory-of-the-victims-of-the-holocaust/).

En 1941 comenzó el exterminio de seres humanos con el uso experimental del gas Zyklon B, “con 600 prisioneros de guerra soviéticos y con otros 250 prisioneros enfermos o débiles. Las pruebas se realizaron en una cámara de gas improvisada en el sótano del Edificio 11 en Auschwitz I. Zyklon B era el nombre comercial del cianuro de hidrógeno cristalino en forma de gas, fabricado por I. G. Farben (Ver: http://www.holocaustresearchproject.org/economics/igfarben.html ) y utilizado normalmente como insecticida. El “éxito” de estos experimentos llevaría a la adopción del Zyklon B como agente de matanza para el futuro campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau” (Ver: http://www.ushmm.org/wlc/sp/article.php?ModuleId=10007098 .

El Holocausto fue producto de la persecución y el asesinato sistemático, organizado de forma industrial e instigado por el Estado alemán y los dirigentes nazis, de más de seis millones de judíos. “Holocausto” es una palabra de origen griego que significa “sacrificio por fuego”. También se usa el término para describir el exterminio de gitanos, socialdemócratas, comunistas, homosexuales, enfermos terminales, polacos, prisioneros soviéticos, discapacitados, Testigos de Jehová, católicos, protestantes y demás “indeseables” o “indignos de vivir”, como definió el nazismo en su intento de crear un imperio (el III Reich) de 1.000 años.

Mientras existió el complejo de campos de trabajo forzado y exterminio de Auschwitz, el total de víctimas comprobadas en los juicios de Núremberg alcanzó los 6 millones de muertos, cifra esta conservadora por cuanto se carecía de más datos precisos para entonces y por la orden de destrucción de documentos, instalaciones y otras pruebas que evidenciaban el exterminio masivo de seres humanos que impartió Himmler cuando vio que los alemanes estaban perdiendo la II Guerra Mundial. (Ver http://www.elholocausto.net/parte04/0405.htm ). Nuevas investigaciones hablan de entre 15 a 20 millones de personas que estuvieron detenidas o murieron en los 42.500 campos de concentración, guetos, factorías de trabajos forzados y otros lugares de detención extendidos a lo largo de buena parte de Europa conquistada por Hitler (Ver: http://www.nytimes.com/2013/03/03/sunday-review/the-holocaust-just-got-more-shocking.html?ref=nazipoliciestowardjewsandminorities&_r=1& ).

En la historia humana se cuentan muchos genocidios, crímenes contra la humanidad y de guerra, pero El Holocausto fue inédito y debe ser considerado como el genocidio extremo, en el cual se usó de forma masiva, industrial, tecnificada, deliberada, planificada en todos sus detalles y perfección logística, inhumana, irracional, cruel y desmesurada todo el poder del Estado (militar, policial, judicial, fiscal e institucional) y empresas cómplices para esclavizar y luego exterminar a un grupo humano como tal (los judíos), así como todas sus manifestaciones culturales y propiedades, las cuales fueron saqueadas. También por la aplicación de ese inmenso poder en contra de otros grupos, tales como los polacos, gitanos, rusos, católicos, protestantes, testigos de jehová, homosexuales, discapacitados, comunistas y socialdemócratas, entre otros. También fueron masacrados miles de nacionales de los países ocupados (gitanos romaníes, húngaros, lituanos, estonios, franceses, latvios, franceses, norteamericanos, ingleses, ucranianos, soviéticos, bielorrusos, griegos, españoles, checoslovacos, yugoslavos y holandeses, entre otros civiles, prisioneros de guerra, abogados, médicos y maestros) por los nazis como lo indicó el Fiscal Robert Jackson en su escrito de acusación (Ver: http://avalon.law.yale.edu/imt/count3.asp).

El filósofo Theodor Adorno se manifestó en contra del Holocausto al instar a los educadores a que enseñen lo que significó el genocidio para evitar que se repita (“La educación después de Auschwitz” Hesse, conferencia radial del 18 de abril de 1966. Ver: http://ddooss.org/articulos/textos/Theodor_W_Adorno.htm ). En ese momento estableció su famosa frase “Nunca más Auschwitz”, en tal sentido fijó como imperativo categórico de la educación: enseñar lo que ocurrió para evitar su repetición. Algo imprescindible para contrarrestar los intentos de lo negacionistas por falsificar la realidad, desacreditar, confundir y negar los hechos y sus circunstancias (Ver: Proyecto Nizkor: Engaño y Tergiversación Técnicas de Negación del Holocausto, en: http://www.nizkor.org/features/techniques-of-denial/index-sp.html ).

La ONU adoptó en 1948 la Convención contra el Genocidio, que ha sido el modelo seguido por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y por más de 70 países que han tipificado ese crimen internacional en su legislación.
Rafael Lemkim acuñó el término genocidio en 1943, dado que dicha palabra no existía antes del holocausto. La palabra genocidio es un neologismo que resulta de la combinación de la raíz griega gen que se refiere a la estirpe, el clan o la tribu de un grupo humano unido por la sangre, a la cual se le agrega la palabra latina cidio que significa matar. Así, causar la muerte intencional de miembros de algún grupo humano por causa de su religión, nacionalidad, raza o grupo étnico es genocidio. Es decir, exterminar el gen.

A pesar de muchos esfuerzos por prevenir y reprimir el genocidio, el siglo XX estuvo marcado por la muerte de 1.5 millones de armenios, 7 millones de ucranianos, 250.000 gitanos, 6 millones de eslavos, 25 millones de rusos, 25 millones de chinos, 1 millón de ibos, 1.5 millones de bengalíes, 200.000 guatemaltecos, 1.7 millones de cambodianos, 500.000 indonesios, 200.000 este-timorenses, 250.000 burundis, 500.000 ugandeses, 2 millones de sudaneses, 600.000 ruandeses, 2 millones de norcoreanos y 10.000 kosovares, entre otros grupos afectados (Ver estadísticas, todas ellas aproximadas por la dificultad de documentarlas y, sobre todo, de admitirlas y someter a juicio a lo culpables, pero que no se alejan de la realidad: https://www.hawaii.edu/powerkills/NOTE5.HTM y http://necrometrics.com/warstatx.htm).

Venezuela debería seguir el ejemplo de los países que han dictado un Código de Derecho Penal Internacional (“CODEPI”) que tipifique como crimen internacional el genocidio, además de los crímenes de lesa humanidad, de guerra y el crimen de agresión, este último, recientemente tipificado como tal por la Asamblea de Estados Parte y agregado al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

Mientras no haya posibilidades de enjuiciar a los culpables de matanzas, los hechos quedarán como un dato histórico y una estadística sujetos a la controversia. Un marco jurídico severo, fiscales y jueces independientes serán los encargados de fijar las pruebas y documentar lo acontecido.

Además, como dijo Adorno: educación y más educación para que no se repita. Venezuela está en mora con la humanidad y en alto riesgo debido a la intolerancia inducida, la división de la sociedad y la polarización de los últimos años.

Fernando M. Fernández
fmf@aiven.org
@FM_Fernandez

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